viernes, 12 de octubre de 2018

Test del malvavisco



Se conoce con este nombre a un popular experimento que desarrolló Walter Mischell en la universidad de Stanford (San Francisco, California) a principios de los 70.

Se realizó con niños y niñas de entre 4 y 6 años de edad y buscaba observar la capacidad de aplazar la recompensa o satisfacción en un niño de esta edad. Se les ofrecía un malvavisco o nube (aunque parece ser que también se usaron otras recompensas, pretzel, golosinas, etc.) y se les decía que si esperaban durante 15 minutos sin comérselo, después podrían comerse dos.

Es decir, el niño debería autocontrolarse y confiar en que si obedecía y posponía sus deseos inmediatos después sería ampliamente recompensado y tendría el doble de premio.

El experimento realizado en 1972, fue continuado con posteriores estudios de seguimiento que demostraron que aquellos niños que en un primer momento habían sido capaces de controlar sus impulsos y posponer la recompensa, tenían mejores resultados en sus vidas. Tenían mejores resultados en test de inteligencia, mejores resultados académicos y mejores trabajos y puestos de responsabilidad en la sociedad. 

Si quieres ver una recreación del experimento muy divertida no dudes en ver este vídeo. Te reirás, te lo aseguro.




En la actualidad la universidad de Rochester ha revisado el clásico experimento de Walter Mischell    de 1972 y ha descubierto que los resultados clásicos podrían arrojar resultados erróneos.

En la nueva realización del experimento han encontrado que quizás los condicionantes del entorno puedan ser más importantes que la predisposición natural de los individuos a posponer la recompensa o mostrar autocontrol ante ciertas situaciones. 

En esta nueva versión del experimento a los niños se les introducía en una habitación y se les ofrecía de nuevo dos posibilidades, o bien dibujar con unas pinturas que tenían delante, ya usadas y gastadas o bien esperar por otras que les iban a traer de una habitación adyacente mucho mejores y más nuevas. Pero la cuestión es que a algunos se las traían y a otros no.

A aquellos que se las habían traído, cuando después les proponían la misma alternativa con el malvavisco, resulta que eran mucho más proclives a esperar y posponer su recompensa. Influenciados por el ejemplo anterior. Confiaban más.

A aquellos que no les habían traído las pinturas, a pesar de habérselas prometido, cuando les ofrecían la misma posibilidad de comerse la golosina entonces o esperar y tener dos, la mayoría tendían a no esperar. Influenciados por el ejemplo anterior, confiaban menos. 




Según esta nueva versión del experimento, parece que la conclusión sería que el ambiente es más importante que los genes o nuestra disposición natural a la hora de conseguir individuos más seguros y con un mayor autocontrol. 

Creo que probablemente a la luz de ambos lo normal sería pensar que es una mezcla del ambiente y de la personalidad lo que hace que seamos capaces de controlarnos, posponer nuestras recompensas y confiar en nuestro entorno. 

Si quieres realizar un experimento como este con tu hijo/a o algún sobrino y pasar un buen rato en familia sigue estos pasos. 

Imagen titulada Give the Marshmallow Test Step 1

Imagen titulada Give the Marshmallow Test Step 2

Ponle la golosina delante y explícale las reglas, si espera durante un tiempo puede conseguir otra golosina igual y se podrá comer las dos. Si no espera, entonces no obtendrá la recompensa. 

Imagen titulada Give the Marshmallow Test Step 3

Explícale que vas a salir y se va a quedar solo en la habitación (nadie le va a vigilar). Puedes poner una cámara sin que lo sepa y después ver sus reacciones. Así verás los esfuerzos que ha realizado por no comerse la golosina, o si ha sucumbido fácilmente.

Imagen titulada Give the Marshmallow Test Step 4

Déjalo un periodo de tiempo razonable, unos 15 minutos y espera a ver qué pasa. 

Imagen titulada Give the Marshmallow Test Step 5

Cuando vuelvas, si no se comió la golosina ofrécele otra de recompensa y si se la comió explícale el valor de esperar y tener paciencia y que no le puedes dar otra golosina como premio.

Ten en cuenta que se trata más bien de pasar un buen rato con el niño, no es realmente un experimento, entonces no seas muy duro con él. Haz que sea divertido también para él/ella. Si los niños están entre 4 y 6 años será mejor. Si son demasiado pequeños no serán capaces de resistirse y si son demasiado mayores tampoco funcionará, no será ningún problema para ellos. 
Si no les gusta un tipo de golosina puedes probar con otra cosa (chocolate quizás). Si lo grabas y se lo enseñas más tarde seguro que le gustará y pasaréis un buen rato juntos.

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