CUESTIÓN SEGUNDA
1. En cuanto a la primera dificultad, he de decir que tenemos naturalmente cierto conocimiento confuso de la existencia de Dios, en cuanto él constituye la felicidad del hombre, y puesto que éste desea por naturaleza la felicidad, ha de conocer naturalmente aquello que naturalmente desea. Sin embargo, esto no es realmente conocer a Dios, como conocer que alguien llega no es conocer a Pedro, aunque sea Pedro quien llega. Así, para muchos el bien perfecto del hombre, que es la felicidad, son las riquezas; para otros, son los placeres, para otros alguna otra cosa.
Esta primera solución a la primera cuestión arroja dos temas claves que hemos estudiado sobre Tomás de Aquino. La primera es la convicción de Tomás de que los seres humanos solo podemos alcanzar la felicidad por medio de Dios, y no por nuestros propios medios aquí en la tierra. La segunda cuestión importante que aparece reflejada en este párrafo es la tendencia natural del hombre a buscar la felicidad. Se ve claramente aquí la influencia del pensamiento de Aristóteles en Tomás de Aquino puesto que Aristóteles defendía exactamente lo mismo aunque la forma que él propuso para conseguir la felicidad fuese distinta.
2. En cuanto a la segunda, he de decir que es muy posible que quien oiga el término Dios no entienda que expresa algo superior a cuanto pueda ser concebido, pues incluso algunos han creído que Dios era corporal. Sin embargo, aun suponiendo que el término Dios significa para todos lo que se afirma, es decir, que es aquello mayor que puede ser concebido, no por ello se ha de concluir que entienden que lo expresado por el término existe en la realidad, sino solo en el concepto del entendimiento. Ni puede deducirse tampoco que exista en la realidad, a no ser que se acepte previamente que hay algo en la realidad, superior a cuanto pueda ser concebido, lo cual no aceptan quienes sostienen que Dios no existe.
Usando el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury intentaba demostrar la existencia de Dios y aquí especifica que efectivamente la distinción entre pensamiento y realidad es la dificultad mayor en este caso.
3. En cuanto a la tercera dificultad, he de decir que, en sentido general, es evidente que la verdad existe, pero no lo es para nosotros que exista la verdad primera.
1. Porque la existencia de Dios es un artículo de fe. Pero lo que es de fe no se puede demostrar, porque la demostración hace ver y la fe se refiere a lo que no puede verse, como afirma el Apóstol. Luego la existencia de Dios no es demostrable.
Esta primera dificultad aborda toda la amplia problemática de las relaciones entre razón y fe. La razón conoce por medio de la demostración, y la fe permite "ver" lo que no puede verse, según la opinión de los religiosos. Hay que tener en cuenta que Tomás considera que entre razón y fe están los preámbulos de fe, que son un conjunto de verdades que pueden ser alcanzadas racionalmente y que él entiende que son como un trampolín para saltar directamente a la fe, de forma más fácil y sencilla.
2. Además, la base de la demostración es lo que es el sujeto. Pero de Dios no podemos saber lo que es, sino solo lo que no es, como dice el Damasceno. Luego no podemos demostrar la existencia de Dios.
La demostración por medio del argumento ontológico se basa en la esencia de Dios como ser absoluto, pero todos los teólogos aceptan que a Dios no se le puede conocer. Tan solo podríamos decir qué características no tiene (maldad, limitación, etc.) y a eso es a lo que se denomina teología negativa.
3. Si se demostrase la existencia de Dios, solo podría hacerse por sus efectos. Pero sus efectos no guardan proporción con él, pues él es infinito y aquéllos son finitos; y lo finito no guarda proporción con lo infinito. Por consiguiente puesto que no se puede demostrar una causa por un efecto que no guarda proporción con ella, parece que no se puede demostrar la existencia de Dios.
La tercera dificultad aborda la posibilidad de demostrar a Dios a partir de las cosas existentes en el mundo natural (teología natural). Aquí la dificultad estriba en el salto de suponer que porque existen cosas reales tenga que existir un ser necesario que las ha creado y que sea infinito, eterno, no generado, etc., porque como el propio Tomás asume que algunos sostienen, no hay relación ni proporción entre estos seres naturales y ese supuesto ser que los habría creado. Es decir se da un salto desproporcionado.
POR EL CONTRARIO, dice el Apóstol, que "lo invisible de Dios se conoce por lo que él ha hecho". Pero esto no sería posible si no pudiese demostrarse la existencia de Dios por las cosas que él ha hecho, ya que lo primero que es preciso averiguar acerca de algo es si existe.
RESPUESTA. Hay dos clases de demostraciones. Una, denominada "propter quid", que parte de la causa y que discurre de lo absolutamente primero a lo posterior. Otra, llamada demostración "quia", que parte del efecto y que discurre de aquello que es únicamente primero para nosotros, pues cuando un efecto es para nosotros más claro que su causa, por el efecto llegamos al conocimiento de la causa. Así, partiendo de un efecto cualquiera, puede demostrarse la existencia de su causa (siempre que conozcamos mejor el efecto), porque, dependiendo el efecto de la causa, si el efecto existe, es necesario que la causa le preceda en la existencia. Por tanto, aunque la existencia de Dios no sea evidente para nosotros, es, sin embargo, demostrable por los efectos que nos son conocidos.
Tomás aclara que hay dos tipos de pruebas para intentar demostrar la existencia de Dios, las que se denominan a priori (propter quid = antes de algo) y las que se denominan a posteriori (quia). Las pruebas a priori, antes de la experiencia, se basan en la esencia de Dios y a partir de ahí intentan demostrarlo. El problema de estas pruebas es que usamos características del ser que pretendemos demostrar para su demostración. Es decir, usamos características de su esencia (ser absoluto e infinito) cuando aún no hemos demostrado que exista.
Las pruebas a posteriori son aquellas que parten de hechos de experiencia, es decir, son después de la experiencia y se basan en el principio de causalidad. Todo tiene que tener una causa previa y esta otra y así sucesivamente hasta que postulamos la existencia de Dios para escapar a la cadena infinita de causas que se generaría en caso contrario.
1. En cuanto a la primera dificultad, he de decir que la existencia de Dios y otras proposiciones semejantes que podemos conocer acerca de él, por la razón natural, como dice el Apóstol, no son artículos de fe, sino preámbulos a los artículos, pues la fe presupone el conocimiento natural, como la gracia presupone la naturaleza y la perfección lo perfectible. Nada impide, sin embargo, que alguien que no entienda la demostración, acepte por fe lo que de suyo es demostrable y cognoscible.
2. En cuanto a la segunda, he de decir que, cuando se demuestra la causa por el efecto, es necesario usar el efecto en lugar de la definición de la causa para demostrar la existencia de ésta, especialmente cuando se trata de Dios; porque para probar la existencia de una cosa, es necesario tomar como medio lo que significa su nombre y no lo que es, ya que antes de preguntar qué es una cosa, primero hay que investigar si existe. Ahora bien, los nombres que damos a Dios los tomamos de los efectos, como más adelante mostraremos; luego, para demostrar la existencia de Dios por sus efectos, podemos tomar como medio lo que significa el término Dios.
Tomás aclara que en realidad la demostración a priori, a partir de la esencia de Dios o del sentido de su nombre, se asienta en la demostración a posteriori. Argumenta que el sentido del término Dios se basa en los efectos que de él se derivan, por tanto cree él que su infinitud, su carácter absoluto, etc., se derivan de la existencia de seres en la realidad.
3. En cuanto a la tercera dificultad, he de decir que, aunque por los efectos que no guardan proporción con su causa es imposible alcanzar un perfecto conocimiento de ella, sin embargo, por un efecto cualquiera, puede demostrarse sin duda la existencia de su causa, como anteriormente dijimos. Y de este modo, es posible demostrar la existencia de Dios por sus efectos, aunque por medio de ellos no podamos conocerle perfectamente según su esencia.
1. Porque si de dos contrarios uno fuera infinito, el otro sería totalmente anulado. Ahora bien, por el término Dios entendemos precisamente que es un bien infinito. En consecuencia, si Dios existiese, no hallaríamos mal alguno. Sin embargo, descubrimos que hay mal en el mundo. Luego Dios no existe.
Se aborda aquí el argumento en contra de la existencia de Dios basado en la existencia del mal. Si el mal existe en el mundo entonces o Dios lo ha creado y por tanto no es bueno, lo cual es como decir que no es Dios. O es que no es todopoderoso y ha creado el mundo de forma defectuosa, con fallos y por tanto es un Dios limitado, como el demiurgo platónico.
2. Además, lo que pueden realizar pocos principios no lo hacen muchos. Y, suponiendo que Dios no exista, parece que cuanto vemos en el mundo puede ser hecho por otros principios, pues los seres naturales remiten a su principio, que es la naturaleza, y los libres al suyo, que es la razón humana o la voluntad. Por consiguiente, no hay necesidad alguna de recurrir a la existencia de Dios.
POR EL CONTRARIO, en el libro del Éxodo, dice Dios de sí mismo: "Yo soy el que soy".
RESPUESTA. La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías. La primera y más clara se funda en el movimiento. Es evidente, y los sentidos lo atestiguan, que en el mundo algunas cosas se mueven. Ahora bien, todo lo que se mueve es movido por otro, pues nada se mueve sino en cuanto está en potencia respecto a aquello hacia lo que se mueve. Sin embargo, lo que se mueve ha de estar en acto, ya que mover no es sino hacer pasar algo de la potencia al acto y esto sólo puede hacerlo lo que está en acto, del mismo modo que lo caliente en acto, como el fuego, hace que la madera que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Pero no es posible que una misma cosa esté, al mismo tiempo, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino solo en relación con cosas diversas; por ejemplo, lo que está caliente en acto no puede, al mismo tiempo, estar caliente en potencia, sino que está, a la vez, frío en potencia. Por consiguiente, es imposible que una cosa sea, bajo el mismo aspecto y del mismo modo, motor y móvil o que se mueve a sí misma. Por tanto, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero si lo que se mueve es movido es necesario que lo sea por otro y éste por otro. Sin embargo, no es posible proseguir indefinidamente, pues, en ese caso, no habría un primer motor y, en consecuencia, no habría motor alguno, puesto que los motores intermedios no mueven sino por el movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve sino es movido por la mano. Por tanto, es necesario llegar a un primer motor, que no sea movido por ningún otro y esto es lo que todos entienden por Dios.
La segunda vía se basa en el concepto de causa eficiente. Encontramos que en las cosas sensibles hay un orden de las causas eficientes; sin embargo, no encontramos, ya que no es posible, cosa alguna que sea causa eficiente de sí misma, porque, si así fuere, sería anterior a sí misma y esto es imposible. Ahora bien, no es posible prolongar indefinidamente las causas eficientes, porque en todo orden de las mismas, la primera es causa de la intermedia, sea ésta una o varias, y ésta, a su vez, causa de la última y puesto que, suprimida una causa se anula su efecto, si no existiese la primera de las causas eficientes, tampoco existiría la intermedia ni la última. Por tanto, si se prolongasen indefinidamente las causas eficientes, no habría causa eficiente primera y, en este caso, tampoco habría efecto último ni causas eficientes intermedias, lo cual es evidentemente falso. Por consiguiente, es necesario sostener que existe una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.
La tercera vía, que se funda en lo posible y necesario, es la siguiente: descubrimos, entre las cosas, unas que pueden existir o no existir, ya que encontramos seres que llegan a ser y que dejan de ser y, en consecuencia, pueden existir o no existir. Ahora bien, es imposible que tales seres hayan existido siempre, pues lo que puede no existir alguna vez no fue. Así pues, si todos los seres tienen la posibilidad de no ser, en algún momento no existió ser alguno. Pero, si esto es verdad, tampoco ahora debería existir ninguno, porque lo que no existe no comienza a existir sino en virtud de lo que existe y, por tanto, si no existía ser alguno, era imposible que algo comenzase a existir y, en este caso, nada existiría, lo cual es sin duda falso. Por consiguiente, no todos los seres son posibles, sino que entre ellos es preciso que haya alguno que sea necesario. Y todo ser necesario o tiene la causa de su necesidad fuera de él o la tiene en él. Si la tiene en otro, puesto que no es posible prolongar indefinidamente las causas necesarias, tal como hemos demostrado en el orden de las causas eficientes, es preciso que exista un ser necesario por sí mismo y que no tenga la causa de su necesidad fuera de él, sino que sea la causa de la necesidad de los demás seres, al cual todos llaman Dios.
La cuarta vía parte de los grados de perfección que descubrimos en los seres. Hallamos, en efecto, que, entre ellos, alguno es más o menos bueno, verdadero y noble que otro, y algo semejante observamos respecto a las demás cualidades. Pero más y menos se dicen de los seres según su diversa proximidad a lo máximo, como se dice que es más caliente lo que está más próximo al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, óptimo y nobilísimo y, por ello, máximo ser, pues, como dice el Filósofo, lo que es máxima verdad es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo lo que existe en dicho género, del mismo modo que el fuego, calor máximo, es causa de todo calor, como afirma el Filósofo. Por consiguiente, existe un ser que es la causa de la existencia, de la bondad y de cada una de las perfecciones de todos los seres y a ese ser le llamamos Dios.
La quinta vía se funda en el gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que algunos seres que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como lo muestra el hecho de que, para conseguir lo que más les conviene, obran siempre, o con frecuencia de la misma manera; de donde se deduce que alcanzan su fin no por azar, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no puede tender a un fin si no lo dirige alguien que conozca y entienda, como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin y a éste lo llamamos Dios.
1. En cuanto a la primera dificultad, he de decir que, según afirma san Agustín, "siendo Dios el sumo bien, de ningún modo permitiría que existiese mal alguno en sus obras, si no fuera de tal modo bueno y poderoso que pudiese sacar bien del mismo mal". Luego pertenece a la infinita bondad de Dios permitir que existan males para obtener bienes de ellos.
Una forma de criticar la existencia de Dios es el argumento del mal. La crítica de los religiosos al argumento del mal como forma de atacar a Dios es defenderse diciendo que en realidad o no existe el mal como tal, puesto que éste solo es una ausencia de bien, o defender que Dios tiene un plan posterior para transformar ese mal en un bien superior puesto que todo el devenir de la historia esta planeado por su omnisciencia y omnipotencia.
Autores posteriores como Leibniz (s. XVIII) denominaron con el término teodicea (justicia de Dios) al devenir histórico de los sucesos del mundo pues éstos estaban planeados para que al final de los tiempos reinase la justicia prevista por Dios. De este modo cualquier mal era una excusa o un medio para conseguir algo mejor después. Es decir que Dios emplearía la máxima maquiavélica de "el fin justifica los medios".
Cabría preguntarse desde esta óptica qué bien posterior y sin duda importante tendría que sobrevenir tras el holocausto nazi en la segunda guerra mundial donde alrededor de 10 millones de personas fueron exterminadas industrialmente.
2. En cuanto a la segunda, he de decir que, puesto que la naturaleza obra para obtener un determinado fin, dirigida por algún agente superior, es necesario considerar a Dios como causa primera de cuanto produce la naturaleza. De modo semejante, es necesario remitir las acciones intencionadas a una causa superior al entendimiento y la voluntad humanos, pues estos son mudables y contingentes, y todo lo que es mudable y contingente tiene su causa primera en lo que es inmutable y necesario por sí mismo, como hemos mostrado.
Trad. Pablo García Castillo.